Encuentro de formandas 2013

Encuentro de formandas - Pereira

Muy queridas Hermanas: Presentamos este sencillo video que registra algunos hechos vividos en los días de nuestro inolvidable Encuentro de Formación en Pereira. Sé que apenas esboza un recuerdo, pues el más completo video es el que cada una ha guardado en su memoria y ha grabado en su corazón. Esa es la riqueza más grande que alimentada por la experiencia de Dios, nos ayudará a continuar nuestro camino hacia la cumbre de la santidad". Siempre unidas, Hna. Karina del Niño Jesús de Praga Bucaramanga

MEMORIAS DE UN ENCUENTRO EN PEREIRA

SÁBADO 3 Y DOMINGO 4 DE AGOSTO

“No sé si atino en lo que digo, porque aunque lo he oído (y visto) no sé si me acuerda bien.  Ni tampoco Moisés supo decir todo lo que vio en la zarzas, sino lo que quiso Dios que dijese” 6M  4, 7

Y hoy dimos comienzo a nuestra gran aventura!!!.

Dándonos encuentro en el monasterio de San José de Pereira, nos dispusimos todas a emprender  el viaje para empezar nuestro tan anhelado encuentro; íbamos todas rumbo a este palomarcito que con tanto amor no esperaba.

 De pronto el timbre de Pereira empezó a sonar, oh! eran nuestras  queridas hermanas que empezaban a llegar y  de pronto con ellas sus pequeños equipajes a bajar, y que alegría la de nuestras hermanas del monasterio de Pereira que con un cálido abrazo nos iban recibiendo a cada una,  se mostraron como dignas hijas de Nuestra Santa Madre Teresa, alegres, fraternas, serviciales… Nos dieron una bienvenida de esas que hace exclamar: “¡Es bueno estarnos aquí, Señor! Vamos a hacer tres tiendas.”  Inenarrables las delicadezas y atenciones de la madre Luz Amanda y su comunidad.  Para contarlas necesitaríamos el donaire de nuestra santa, y como no lo tenemos,  bástenos decir: ¡hasta el mismo san José de la entrada se antojó de la fiesta, por eso bajó de su pedestal con el niño Jesús a colmarnos de bendiciones!

Llegadas las 4:30 de la tarde ya nos encontrábamos todas en este palomarcito,  y cada una con su equipaje dispuesta, a tomar los vehículos que nos llevarían a la Casa de Encuentro Santa María de los Ángeles. Algo muy curioso del momento de la salida: había más maletas que monjas y, la mayoría, más pesadas y grandes que nosotras mismas. ¡Los conductores se veían alegres, pero espantados! ¿Qué estaría diciendo nuestra madre desde su séptima morada? ¡Válgame Dios, hijas!, acaso no recordáis las palabras de la Sagrada Escritura: “Vayan… no lleven bolsas, ni saco, ni sandalias para el camino”.  Ruego a su Majestad que, por sobrepeso, no os acaezca un accidente en el trayecto. Tal vez más de una hija suya viajaba alabando a Dios Padre porque no atravesábamos la ciudad en las descachalandradas carretas tiradas por bestias que le tocaron a ella en las Fundaciones.

¡Llegamos divinamente!  El Espíritu de nuestro amado Jesús y de la Santísima Virgen ya impregnaba el aire de una Pereira hermosa, resplandeciente, rebosante de gente amable. Las cabañas muy cómodas y con nombres de santos  que nos invitaban a entrar en intimidad con el Esposo.  “Entrad, entrad hijas mías en lo interior”, escuchábamos.  Aquella voz  de la santa nos exhortaba en todas partes,  gracias a los detalles de María Paula y su Consejo. 

Bueno y llegó la hora de compartir más y más con nuestras queridas hermanas de los diferentes monasterios y cómo no, empezar a tratarnos como verdaderas hermanas e hijas de Teresa, era tanto el espíritu de fraternidad que hasta nos hermanamos con las arañitas color gallinazo, los zancuditos, las lagartijillas y las cucarachitas que aparecían bajo las camas, en el closet, en el baño. A algunas les dimos santa muerte para poner en práctica aquel consejo de empezar a librarnos de las sabandijas de las primeras Moradas y AVENTURAR LA VIDA hacia la séptima.

Estábamos por pensar que todo sería Tabor, resplandor, gozo…  De repente, Karol se nos aferró a la cruz y dándole un pedacito a Guadalupe y otro a Carmenza salió por urgencia para el hospital.  Todas nos preocupamos porque es cierto lo que dice san Pablo: “Cuando un miembro sufre, todos sufren con él.”  Lo más bonito de esa experiencia de “calvario” fue que nos unió todavía más fuertemente en la oración. Oramos por ella, por el padre Enrique, por Inesita de Villa de Leyva, por nuestros enfermos y demás personas que sufren en su cuerpo o en su alma.

Karol, Guadalupe y Carmenza se perdieron dos días de la devoción de la liturgia, de la riqueza de las conferencias, de la carta llena de Espíritu santo de nuestro padre general Saverio, de las recreaciones (con trovas, dinámicas, bailes  y premios), de las comidas no aptas para penitentes en viernes de cuaresma (sencillamente exquisita la alimentación, y delicada la atención!  ¡Parecía siempre noche buena!).

Pero después, las tres hijas  de Teresa se desatrasaron en el comer, reír, aprender, fraternizar.  Cuando ellas regresaron, todas unidas seguimos reflexionando en la importancia de “Encarnar a Dios en el mundo, con nuestras palabras y nuestras obras”, como bien nos dijo monseñor Rigoberto, y “de refrescar nuestro carisma”, que fue la invitación de Alicia… 

Nuestro Padre Saverio Canistrá nos escribió, una muy sentida carta que nos dejaba en sintonía para emprender el camino de las moradas, él no decía: “La mística es, ante todo, deseo… corazón que se lanza hacia el corazón de Dios, que lo busca y lo invoca”.  Sus palabras fueron un eco de la sugerencia de san Pablo en la segunda lectura dominical: “Buscad los bienes de arriba”.  Como carmelitas orantes, entregadas a Cristo, le hicimos caso…  Y… ¿por qué no reconocerlo? En algunos momentos también buscamos los bienes de abajo: las llaves de la cabaña que se envolataron, el reloj para ver si ya era hora de pasar al comedor, el insecticida, la bolsa con un pela-papas que se extravió en medio del “maleterío”.   También buscamos la belleza perdida en los espejos gigantes que había por todos lados; a una de las junioras se le escuchó comentar: “hace cuatro años no me miraba en un espejo.  Me miré y grité para mis adentros: ¡Por Dios santo, estoy toda repolludita!”

En fin, desde que llegamos supimos que también aquella “casa era un cielo… porque allá también nuestro contento era contentar a Dios…”

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